|
CARTA DESDE LA DIÓCESIS DE ZAMORA
¿Cómo llevar a la práctica
los principios de la UAC?
|
|||
|
Estimado D. Rafael: Después de haber leído detenidamente el material que me envió, quisiera comentarle algunas cuestiones que me surgen. Los principios teóricos de la UAC creo que son indiscutibles. Pienso que cualquier ministro ordenado los firmaría con los ojos cerrados, porque tocan precisamente el núcleo de nuestra espiritualidad diocesana secular. Además, se percibe con bastante claridad que en el trasfondo de tales principios (reflejados sobre todo en los Estatutos) subyace especialmente un documento tan importante para nosotros como lo es el Decreto Conciliar Presbyterorum Ordinis. Por lo tanto, creo que en cuanto a la teología, la UAC es incuestionable. Sin embargo, a la hora de llevar a la práctica esos principios en el contexto concreto de mi diócesis es cuando me surgen las preguntas. En primer lugar, me pregunto por qué fomentar la UAC si, como escribe J. Esquerda, esta Asociación "apunta más a crear el espíritu de Vida Apostólica en el presbiterio que a la realidad de pertenecer como miembro a ella misma", o, como se dice más adelante, "quien vive entusiasmadamente su realidad sacerdotal con todas sus implicaciones realiza el objetivo de la UAC, aunque no sepa nada de ella". También he leído que "el carisma de la UAC radica solamente en el modo de ser y de vivir como ministros ordenados diocesanos". Este es el carisma de cualquier ministro ordenado diocesano, independientemente de la UAC, con lo cual, ¿por qué y para qué promover la UAC si en realidad, tal y como entiendo, no aporta nada al ministro ordenado diocesano secular que intenta vivir su carisma con seriedad? Por otra parte, en mi diócesis existen varios grupos de ministros ordenados que se reúnen periódicamente para crecer en las dimensiones intelectual, espiritual y fraternal. Yo formo parte de uno de ellos, y nos reunimos una vez al mes para orar juntos, trabajar un material (este año hemos trabajado el libro de Henri J. M. Nouwen, Dirección espiritual. Sabiduría para la larga andadura de la fe) y comer juntos, terminando con una sobremesa en la que comentamos más distendidamente nuestras inquietudes y preocupaciones. Aparte de estas reuniones, solemos tener alguna cena juntos en Navidad y una excursión al finalizar el curso. Leyendo el material que me envió me resultaba inevitable encontrar paralelismos entre los llamados "cenáculos" y estos grupos que existen en mi diócesis. Por lo tanto, ¿cree usted que la UAC nos aportaría algo? ¿Qué? A lo anterior tendría que añadir las reuniones de arciprestazgo, en las cuales dedicamos la primera parte a la oración, para luego trabajar un tema que elabora la Delegación para el Clero, tratar las cuestiones oportunas del arciprestazgo y comer juntos. Además, cada tiempo fuerte se organizan retiros y dos tandas de ejercicios espirituales al año, aparte de las Jornadas de profundización en la vida cristiana que se dirigen especialmente a los sacerdotes durante una semana. Ante todo esto, no logro encontrar el lugar de la UAC en mi diócesis. La razón principal por la que me puse en contacto con ustedes es la insatisfacción que experimento cuando percibo que la mediocridad con la que vivo mi ministerio la encuentro también en muchos de mis hermanos. Vivimos desde el individualismo, sin preocuparnos de los demás y procurando que no interfieran en nuestros proyectos. Por eso preferimos la soledad a cualquier tipo de vida comunitaria con otros sacerdotes o con laicos. El tema de la pobreza lo preferimos entender "a nuestro modo", sin que los pobres nos preocupen realmente desde nuestra vida cómoda. La oración personal es, en la mayoría de los casos, una asignatura pendiente. Y en nuestra ordenación asumimos el compromiso de rezar la Liturgia de las Horas como parte de nuestro ministerio, pero en realidad se trata de una promesa "relativa", pues no somos pocos los que la incumplimos buscando justificaciones que en realidad no son más que analgésicos de nuestra conciencia. Encima, ante la realidad pastoral tan cambiante con la que nos encontramos, vivimos desde el miedo a lo nuevo y desde la desilusión pesimista. Es cierto que también existen en nosotros algunos elementos que permiten mirar a mi presbiterio con esperanza, pero creo que hay que hacer algo para que recuperemos la pasión por nuestro ministerio. Yo al menos, en lo que a mí respecta, no pienso quedarme con los brazos cruzados. También me gustaría poder caminar junto a otros hermanos que tengan esta misma inquietud. Gracias a Dios, los voy encontrando Con ellos he hablado de la UAC como un pequeño medio más que podría ayudarnos. De momento a todos nos parece que podría ser posible, aunque se necesita mucho tiempo. ¿Cree usted que la UAC podría responder a nuestras inquietudes? También me gustaría saber qué piensa sobre lo que le he comentado. A veces tengo la impresión de que soy demasiado pretencioso, cuando lo más fácil sería acomodarme a lo que hay. Sin embargo, no puedo. Y créame que lo he intentado, pero viviendo así me siento completamente insatisfecho, como si me faltara algo. Me siento llamado a vivir el Evangelio y mi ministerio de otra forma más "radical". Toda esta confesión tiene el propósito de exponerle cuáles son mis motivaciones a la hora de pedirle información sobre la UAC. Creo que así usted podrá valorar mejor si estoy confundido o acertado pensando que la UAC podría echarnos una mano. Me ha sorprendido comprobar que en mi diócesis ya estuvo presente la UAC. La verdad es que debió ser hace mucho, porque me ha costado averiguar quiénes formaron parte de ella. Tengo pensado entrevistarme con dos de ellos, para ver cuáles son sus impresiones y por qué se terminó. Ya le contaré. De momento nada más, que ya me he extendido demasiado. Reciba un fraternal abrazo,
Florentino Pérez Vaquero, Diácono tornar al sumari
|
|||
|
Respuesta desde la Diócesis de Valencia. Por R. Guinart
|
|||
|
Estimado Florentino Pérez Vaquero: Primero recibe mil parabienes por tu reciente ordenación sacerdotal. El grupo de sacerdotes pertenecientes a la UAC de la diócesis Valencia hemos rogado, y lo seguimos haciendo, para que tu ministerio sea evangélicamente fecundo y adaptado a las necesidades de los hombres del siglo presente. Al leer tu carta en la reunión del grupo UAC todos hemos quedado admirados de tu clarividencia teológica y de tu entusiasmo sacerdotal. En efecto los principios teológicos de la UAC son claros, y cualquier sacerdote los puede suscribir. Pero te anticipo que tus legítimas dudas y preguntas son también las nuestras, las cuales van encontrando respuesta y solución al tiempo que caminamos sacerdotal y diocesanamente. Si, como tú observas, la teología de la UAC es incuestionable, eso quiere decir que la espiritualidad de la UAC es apta para colmar las aspiraciones espirituales del sacerdote diocesano secular, y muy útil para vivir con seriedad el carisma de ministro ordenado diocesano secular, esto es, comprometidos en desarrollar la Comunión con el obispo y con el presbiterio diocesano. La espiritualidad de la UAC, que emana de esa teología, se identifica por completo con la espiritualidad diocesana y con el quehacer eclesial de la diócesis. De tal manera que podríamos decir: a más UAC, mayor espíritu diocesano, y a más espíritu diocesano, más espiritualidad UAC. Es cierto que la UAC no aporta teológicamente nada nuevo a la diócesis, porque la UAC, ella misma, toda entera en cada uno de sus miembros, se identifica espiritualmente con ella, viviendo con ella y para ella. Preguntas con razón por qué y para qué promover la UAC si los principios teológicos de tal espiritualidad no aportan nada al ministro ordenado diocesano secular que intenta vivir su carisma con seriedad. En efecto ese sacerdote, viviendo el espíritu diocesano de Comunión, está viviendo el mismo espíritu de la UAC, y no necesitaría inscribir su nombre en la asociación; pero, como la realidad, que tu mismo percibes a tu alrededor, no es siempre así, se hace necesario que haya un grupo de sacerdotes que con su oración, “esa asignatura pendiente”, y la atención fraternal, vivan al servicio del carisma episcopal en comunión con el presbiterio diocesano. Ese grupo es el de la Unión Apostólica del Clero. Con la fuerza de la Comunión se diluye esa “mediocridad” que detectas en el tejido sacerdotal diocesano, y se destruye el “individualismo”, que suele debilitar en el sacerdote la comunión presbiteral. Con todo lo más importante no son las siglas UAC, sino la fraternidad sacerdotal que la UAC promueve. Por su parte la UAC respeta y admira la diversidad de grupos de espiritualidad que hoy, a Dios gracias, existen, a los que los sacerdotes, según las diferentes sensibilidades personales, pueden dar su nombre, y enriquecer su espíritu con los matices propios de cada espiritualidad específica. La UAC convive fraternalmente con todos ellos, sin ánimo proselitista. Insistes en qué aportaría la UAC a lo que ya venís haciendo en tu diócesis. Antes del Vaticano II estaba claro lo que tenía que hacer la UAC en una diócesis, pues los obispos le confiaban a ella toda la programación formativa y la atención espiritual de los sacerdotes diocesanos. Pero después del Vaticano II, a Dios gracias de nuevo, esta tarea espiritual y la llamada formación permanente, han sido asumidas por el mismo episcopado mediante las Delegaciones del Clero y los Vicarias Episcopales. Esta nueva situación parece que hubiera dejado fuera de juego a la UAC, por eso nos preguntamos todos qué es lo que aporta hoy la UAC a los sacerdotes. El grupo diocesano de sacerdotes adscritos a la UAC puede todavía aportar mucho, según los lugares y tiempos: puede y debe secundar y cooperar con amor eclesial en las actividades pastorales organizadas por la diócesis en favor de los sacerdotes, haciéndose presente en todas ellas; de esta manera ayudará a mantener el espíritu eclesial de la diocesanidad en el presbiterio diocesano, en el arciprestazgo, o en cualquier otro ámbito diocesano; y releyendo con intuición el onomástico de los sacerdotes de la diócesis acertará a descubrir algunos aspectos de la vida de los sacerdotes, que están menos atendidos o quizá olvidados en la diócesis… En nuestra diócesis de Valencia, permíteme la referencia, los miembros de la UAC, amén de secundar toda la actividad pastoral diocesana, desde hace muchos años dedican un día a la semana a visitar a los sacerdotes enfermos, ancianos o jubilados. Estas visitas son de gran provecho espiritual para visitados y visitadores. Otra actividad de suplencia, que realizamos, es la organización de unos ejercicios abiertos para aquellos sacerdotes, que, por los motivos que sean, no pueden o no gustan ausentarse de su parroquia; incluso la publicación de esta revista responde a la necesidad que los sacerdotes tenemos de dialogar sobre nuestros problemas y los que afectan a la sociedad en que ejercemos el ministerio. La asociación UAC, hoy y aquí, actúa vinculándose vitalmente con el ser y quehacer pastoral de la diócesis, de tal manera que aparece como un signo que revitaliza el carisma diocesano con gestos concretos y visibles de comunión, tales como la atención a los sacerdotes enfermos, retiros, formación del clero, o fomentando los contactos reales, no meramente formales, con los sacerdotes del arciprestazgo. En resumen. La UAC, en cuanto espiritualidad sacerdotal tiene los mismos principios teológicos, que fundamentan y nutren el presbiterio diocesano; pero en cuanto asociación sacerdotal está integrada por un grupo de sacerdotes diocesanos, que animan día a día con amor e imaginación la Comunión del presbiterio diocesano. Abrigo la esperanza de que estas palabras se hayan aproximado, si más no, a la respuesta que de mi esperabas. Reitero las felicitaciones por tu Ordenación sacerdotal.
Rafael Guinart Director Nacional de la UAC
|
|||
|
El grupo diocesano de sacerdotes adscritos a la UAC puede todavía aportar mucho, según los lugares y tiempos: puede y debe secundar y cooperar con amor eclesial en las actividades pastorales organizadas por la diócesis en favor de los sacerdotes, haciéndose presente en todas ellas
|
Formación bíblico-teológica en la Diócesis de Valencia. Ponente: Pr. D. Juan Miguel Díaz Rodelas. Tema: Pablo Apóstol. La misión que nace de la fe.
|
||