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CINE
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Una mujer en el campo de batalla
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Los limoneros (Israel, Alemania, Francia 2008) de Eran Riklis
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La lamentable realidad del actual Oriente Medio, foco de guerras, conflictos y otros desastres está siempre de dolorosa actualidad: medios de comunicación siempre nos lo recuerda diariamente. Y el cine también: o bien en reportajes, documentales, cine de argumento y ficción, directa metafóricamente nos ofrece una reflexión sobra las sinrazones y absurdos de las situaciones bélicas y de la hostilidad que continuamente viven estos países. A veces con mirada llena de crueldad y realismo; y otras, con una mirada oblicua –contando historias infantiles o problemas simbólicos- nos hablan de una triste realidad: la violencia absurda y súbita donde caen los más inocentes y los más débiles. Los limoneros precisamente nos habla del conflicto entre judíos y palestinos y los mecanismos absurdos de burocracia e incomprensión que se urden entre ellos. Esta dirigida por Eran Riklis (Final de copa, Tentación, La novia siria), un israelí educado en los Estados Unidos. Nos narra el enfrentamiento entre Salam Zidane una viuda palestina con Doron Tavory el ministro judío de Defensa. Aquella tiene en su casa, de un pueblo palestino en Cisjordania situado en la franja verde que separa los dos territorios contrapuestos, un huerto de limoneros, herencia de su familia, cuidado y defendido por sus padres y abuelos con sangre, sudor y lagrimas. Al mismo lado del campo, el recién nombrado ministro defensa israelí se le ocurre construir su vivienda. Pronto la escolta y guardia de seguridad descubre que los limoneros son un riesgo tremendo para la seguridad del político, por lo que este decide que los árboles deben ser arrancados. Salam, la viuda, decide emprender una batalla legal contra el gobierno israelí. Como sus hijos están ausente y lejos, decide contratar a un joven abogado palestino que tendrá que enfrentarse a todo un ejercito de abogados enviados por el Ministerio de Defensa. Incluso los interese estratégicos de los mismos palestinos intentan convencerla de que renuncie a su querido campo de limoneros. Uno de los mensajes principales de Los limoneros es su denuncia de la intolerancia que envenena, incluso en su vida cotidiana, la relación entre dos pueblos cuya convivencia sólo será posible si se aceptan el uno al otro. Lo acertado de esta película es que esta relatada con gran sencillez, sin buscar simpatías de un lado sobre el otro, sin culpabilizar sólo a un bando y con un ritmo pausado y contemplativo, salpicado de diálogos eficaces y muy ajustados. Destaca en el filme la actuación de la actriz Hiam Bass como la viuda que con su belleza madura representa un tipo modélico de mujer serena, valerosa y llena de coraje. Ella, identificándose con la naturaleza de su campo de limones simboliza la irrenunciable libertad e independencia frente a la vivienda prediseñada y el pesado hormigón de la casa del político israelí. Testimonio de equilibrio y voluntad que se esparce como una semilla y que llega a recoger la misma esposa del judío que con su silencio de esposa fiel se replantea las situaciones absurdas que está viviendo. Todo en el filme, con justeza, con humor, se nos ofrece para pasar un buen rato al tiempo que reflexionamos. Lo que es de muy agradecer.
José Luis Barrera, 20 de octubre de 2008.
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