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DIRECCIÓN NACIONAL DE LA UNIÓN APOSTÓLICA
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Aún a sabiendas de irritar a la gramática convencional diré que estas dos palabras “Unión Apostólica” son teológicamente dos “sustantivos”, constituidos tales por la sustancia vital con que los ha cargado Jesús, pues es Jesús el vínculo vivo de tal Unión, y quien infunde su Espíritu a la Misión Apostólica de quienes viven dicha Unión. Lo apostólico no es un mero adjetivo: es gracia y vida divina que capacita y mueve a la Misión. Si he irrumpido sobre esta página con semejante brusquedad ha sido con la intención de golpear la corteza verbal de la fórmula “Unión Apostólica del Clero”, y descubrir la almendra de vida y comunión, que contiene su interior, gracia que los sacerdotes viven con Cristo y entre sí, la misma que los apóstoles disfrutaron con Jesús y entre ellos. Lo apostólico se hace visible en las representaciones litúrgicas, en el ejercicio de la enseñanza, desarrollando tareas de formación, y transmitiendo o explicando la doctrina teológica. Pero todo ello ha de ofrecerse empapado de la experiencia personal de Dios, sin la cual la actividad apostólica o pastoral corre el peligro de quedar estéril. La misión apostólica presupone y exige una vida de comunión con Aquel que fue el primer enviado por el Padre a cumplir una Misión, y quien a su vez envía al apóstol, el cual ha de vivificar su actividad pastoral con la savia del don y la fuerza interior del carisma apostólico. Pues de lo contrario la misión, que procede inicialmente de una vida y una mística, puede marchitarse en el espacio agitado de una apretada agenda pastoral. Si el apóstol lo es por misteriosa iniciativa divina, la planificación pastoral, en cambio, es resultado de los estudios realizados en múltiples reuniones de trabajo; pero aunque el ser apóstol y los planes pastorales, que ha de llevar a cabo el apóstol, tienen distinto origen no por eso deben andar separados. Con intención y acierto el “Diccionario del Sacerdocio” (B.A.C. 2005) une entre sí, cual vasos comunicantes, la actividad pastoral y el ser apostólico, a través del guión copulativo “apostólico-pastoral”. Las actividades pastorales participan del ser apostólico donado por Cristo a su Iglesia. El apóstol ha de desarrollar un tejido espiritual, que transparente el misterio salvador de Jesucristo, tejido espiritual que tratándose del sacerdote se llama espiritualidad sacerdotal, a través del cual se vea el vivo fluir de la gracia divina transportando abundantes acopios de Amor, Esperanza y Vida hacia las parcelas resecas o mustias o tristes del alma y de la existencia de los hombres. Pues “una misión desprovista de espiritualidad no emociona ni conmueve, no tiene visión ni transmite esperanza”. (José Cristo Rey García Paredes: “La espiritualidad apocalíptica, alma de la misión”. Selecciones Teología, 2006, nº 180). Hoy están sobradamente bien descritas las dificultades objetivas, que la sociedad cambiante opone a la acción apostólica, pero el sacerdote habrá de conocer en qué medida sus deficiencias subjetivas son también obstáculo a la transmisión de la fe, no solo por su frágil y natural condición humana sino por la carencia de mística o exigua experiencia de Dios. Siempre será oportuno recurrir a la previsora y acertada anticipación de Rahner sobre la necesaria condición “mística” del cristiano del futuro, y también, cómo no, del sacerdote. Necesario es hoy y siempre que el sacerdote posea los conocimientos teóricos y técnicos que le permitan informar y explicar la palabra de Dios, pero más necesario es que la experiencia religiosa de esa palabra divina haga del sacerdote una persona o maestro de mística transparencia. Pues bien claro lo dejó dicho Romano Guardini: “una enseñanza puramente doctrinal es incapaz de despertar la fe”. Otro contemporáneo de Rahner, y contemplativo también, Henri de Lubac, nos previno en Meditación sobre la Iglesia acotando nuestra actividad pastoral: “Si queremos ser eficaces hemos de guardarnos de apoyarnos en medios demasiado extrínsecos… No hay que perder de vista lo esencial... (y) lo esencial no hay que juzgarlo desde un punto de vista cuantitativo… sumando el conjunto de las necesarias actividades, programaciones, celebraciones, sino en su divina y pura simplicidad”. Y ¿qué es lo esencial? Buen tema para una sesión de estudio. ¿A qué ha de atender primordialmente el apóstol para que su actividad apostólica no se reduzca a mera exterioridad o resuene como piadoso ruido? La tradición apostólica, de la que los tres teólogos arriba citados son eminentes testigos del siglo XX, es unánime en su respuesta: lo esencial es la vida con Cristo o la comunión del apóstol con Cristo.
Rafael Guinart, es Director nacional de la UAC
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Necesario es hoy y siempre que el sacerdote posea los conocimientos teóricos y técnicos que le permitan informar y explicar la palabra de Dios, pero más necesario es que la experiencia religiosa de esa palabra divina haga del sacerdote una persona o maestro de mística transparencia
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