ENTREVISTA

 

 
 

En esta secció entrevistem a persones del nostre presbiteri diocessà que posseixen la capacitat de compartir la sea

 

 
  3 Vicaris episcopals  
 

 

1.

 

A D. JOSÉ ANTONIO VARELA, Vicario Episcopal de la

 

Vic. IV

 

1. D. José Antonio, Ud. ayuda al Obispo en el gobierno de una parte de la diócesis, brevemente, ¿qué tres rasgos le gustaría desarrollar en el territorio de la Iglesia que sirve para el tercer milenio? 

  

 Como Vicario Episcopal, la misión que la Iglesia diocesana me encomienda es, como bien dices, la de colaborar con el Pastor de Valencia y llevar adelante los planteamientos pastorales que tenga a bien proponer a todos los fieles. La Catequesis, especialmente, de niños y jóvenes, la vida sacramental iluminada por la Palabra y el compromiso social desde la caridad evangélica, son tres aspectos importantes de nuestra labor diaria. Amén de la permanente atención a mis hermanos sacerdotes, con los que me siento en comunión fraterna y sacerdotal.

 

2. Algunos expertos desean en general la visión de una Iglesia en la que sus miembros asuman la responsabilidad propia de seres adultos. ¿Qué comentario le sugiere esta expresión?

  

En primer lugar me gustaría saber a qué expertos se refiere en la pregunta. La frase me suena un poco a rancia, pues desde el Seminario la vengo oyendo y ya hace unos cuarenta años.

Como inquietud siempre ha estado y estará presente en la atención de los Pastores (tanto obispos como presbíteros), y no hace falta más que observar las “proposiciones” que se le hacen al Papa en este último Sínodo: “El ministerio de Lector y las mujeres”, por ejemplo. En esa línea de corresponsabilidad se plantea la misión de los fieles cristianos laicos en los Consejos Pastorales y de Economía. Deben asumir plenamente algunas tareas laicales en sus comunidades cristianas y los sacerdotes no deberían tener ningún temor, sino fomentarlo.

 

3. ¿Consideras importante y necesario que los sacerdotes se tomen regularmente un día libre a la semana y unas vacaciones anuales?

  

Un tiempo vacacional está contemplado en el mismo Derecho Canónico, como fruto –pienso yo- del deseo del Señor: “Venid a un lugar a parte y descansar”, les dijo a sus discípulos. Ahora bien, que sea importante, necesario y regular ese descanso, lo debe decidir el sentido de responsabilidad y la conciencia del mismo interesado que ha sido enviado a proclamar el Reino de Dios. En cualquier caso, podríamos tomar como referencia el descanso que suelen tomar los padres de familia.

 

4. Brevemente, dos preguntas relacionadas entre sí: ¿Por qué los sacerdotes no valoramos suficientemente la formación permanente que se nos ofrece desde la Archidiócesis? ¿De qué habilidades precisamos actualmente los sacerdotes para ejercer un ministerio verdaderamente moderno y colaborador?

  

La apreciación de si se valora o no lo que ofrece la Archidiócesis puede ser muy subjetiva. Mi personal opinión es que la asistencia a los encuentros del clero de nuestra Vicaría, tanto para la formación permanente como la espiritualidad (Retiros de Adviento y Cuaresma), es mayoritaria y la aprecian como algo positivo.

   Más que habilidades yo diría cualidades. Humanas y sacerdotales. En la “Pastores davo vobis”, podemos ver con claridad las virtudes que deberían adornar al presbítero: Formación intelectual y teológica; fundamentación litúrgica y sacramental; equilibrio sicológico y madurez humana; capacidad para el diálogo y la vida comunitaria. Esto es el ideal, luego se hace lo que se puede. Pero, en cualquier caso no puede faltar la clara conciencia de que pertenecemos a un presbiterio y debemos mantener la comunión con el Pastor diocesano.

 

5. ¿En qué sentido le preocupa que haya en la vida de los presbíteros una cantidad satisfactoria de eros, amor y satisfacción emocional?

  

 La vida del presbítero no creo que se deba medir por el concepto de satisfacción sino de vocación.   La referencia de todo cristiano es Jesucristo, “y este crucificado”: La vida del sacerdote estará llena a rebosar cuando se da por entero como Cristo y se gasta en favor de los demás. Cuando somos capaces de amar de esa manera, el sacerdote vive plenamente su proyección afectiva de manera equilibrada y serena. De lo contrario buscará alternativas que, me temo, le apartarán del amor primero.

 

6. La evaluación es actualmente un lugar común en la mayoría de las profesiones y en la mayor parte de los centros de trabajo. ¿Qué le preocupa a la hora de valorar (evaluar) a un sacerdote?

  

Parto de la premisa que no considero el sacerdocio una profesión, sino como digo arriba una vocación. Es Dios quien me ha llamado y yo le he respondido que sí, desde el seno de la Iglesia.

   Puedo tener mi opinión personal de mis hermanos sacerdotes, como ellos la tendrán de mí. Pero quien ha de valorar a sus sacerdotes es Jesucristo. Yo lo que suelo hacer es rezar por ellos y espero que hagan lo mismo por mí.

 

7. ¿Convendría que las comunidades cristianas a las que sirve pudieran hacer una evaluación formal del trabajo que realiza como Vic. Episc.? (aspectos positivos, sugerencias prácticas, aspectos negativos…)

  

No entro a juzgar la conveniencia o no de la evolución, por las razones antes expuestas. Supongo que de una manera u otra, los que estamos en el candelero, Obispos y  sacerdotes, somos evaluados en cada momento: “por sus frutos los conoceréis”.

 

8. Las homilías han preocupado en el Sínodo de los Obispos, ¿qué carencias observas en nuestras homilías?

  

 Cuando me hago presente en las parroquias suelo predicar yo. Pero opino que nuestro clero tiene, en general, una sólida formación teológica y, en consecuencia, sus homilías deben ser correctas.

   El Sínodo ha dado mucha importancia a la Homilía, como presentación y vivencia del Reino de Dios. Por eso, indica que no debe ser usada como plataforma de las propias ideas sino para dar a conocer mejor el Evangelio.

   Recuerdo que don Tomás Belda, profesor de Nuevo Testamento en mi época del Seminario, solía decir que “Sermón que no lleve a la rejilla del confesionario, tiempo perdido”, porque ha de ayudar al oyente a la auténtica conversión. Eso es lo que me preocupa y ocupa personalmente cuando he de predicar el Evangelio. Confío que a todos nos pasa lo mismo.

 

 

 
 

2.

A D. JOSÉ VICENTE CALZA,

VICARIO EPISCOPAL

DE LA VIC. III
 

- D. José Vicente, Ud. sirve a la Iglesia diocesana en un puesto de autoridad como representante del Obispo. ¿Qué es lo que considera que más valoran las personas a las que sirve de su misión?

  

 El que intento servir a la Iglesia diocesana desde un puesto de servicio.
 

- Como “supervisor” en el mejor sentido de la palabra, pienso que en general, no se valora suficientemente que el Vic. Episc. sea una persona con la que comentar los muchos incidentes que surgen en la  vida profesional de los sacerdotes y la manera de afrontarlos. ¿Coincide con esta observación?

  

 Pienso que es muy importante contar con alguien, de plena confianza, con quien compartir las inquietudes, esperanzas, fracasos..etc.; ese alguien, a veces, es muy difícil de encontrar.
 

- Vamos a celebrar el Día de la Iglesia Diocesana, ¿cuáles son los tres temas que más le preocupan de nuestra Iglesia diocesana?

  

Una realidad que nos apremia es el de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Necesitamos vivir ilusionados y entusiasmados en nuestra vida como sacerdotes; para así, irradiar y contagiar a los jóvenes. Otra realidad que nos urge es pensar, con mucha honradez, acerca del protagonismo de los laicos en nuestras comunidades parroquiales y, en la Iglesia diocesana. Y, por último y, dentro de esta misma línea, creo que es urgente que desde un laicado maduro y adulto se propicie el compromiso de los mismos en las realidades temporales: política, economía, cultura, el mundo de la marginalidad..etc.
 

- Ciudades de toda España se han sumado recientemente a la movilización mundial contra la pobreza. Este es ‘EL PROBLEMA’ de nuestra era: la pobreza en la que viven mil millones de seres humanos. Brevemente, ¿qué valoración hace de esta acción en su Vicaría?.
  

Justamente, el día en que celebrábamos o mejor dicho se nos invitaba a tomar conciencia de tan grave problema, estábamos en la Vicaria celebrando el Encuentro de nuestras Cáritas parroquiales. Creo que
 está bien el que recordemos y celebremos un día contra la pobreza; pero creo que para los cristianos, es más evangélico el vivir el estilo de vida propio de nuestra condición de bautizados y, desde la austeridad ser signos de fraternidad para con los más pobres de la tierra.
 

- Algunos expertos apuntan que debería haber “un código de conducta”, a fin de que obispos y sacerdotes puedan saber lo que se espera de ellos en todas las circunstancias ordinarias, y que debería haber medios de hacer cumplir ese código. “Es absolutamente insano que cualquier sacerdote piense que, haga lo que haga, tiene una posición segura en la vida” (G. Robinson). ¿Está de acuerdo?

  

Que mejor código de conducta que la fuerza que nace del Evangelio.
 

- ¿Los responsables de una institución seria (párrocos, laicos, vicarios episcopales, etc.) habrían de pasar por algún tipo de evaluación cada cierto tiempo? ¿Los Obispos también? Y el Papa que no es responsable actualmente ante ningún ser humano, ¿también?

  

Creo que pasamos continuamente por el tribunal público, tanto entre los sacerdotes como por parte de los fieles cristianos laicos, de la crítica; sería más evangélico vivir con naturalidad y normalidad la corrección fraterna.

- ¿Qué puede hacer un Vic. Episcopal para asegurar en la vida de los presbíteros un tiempo dedicado adecuadamente a la oración y a la lectura? ¿Cómo percibes este tema?

  

Ofrecer espacios y tiempos para aquellos que quieran utilizarlos. Existen en mi vicaria algunas realidades dignas de mención en algunos sacerdotes que llevan varios pueblos y que, organizan la asistencia a las distintas comunidades parroquiales comenzando cada día, en una de ellas, con el rezo de Laudes y exposición del Santísimo y tienen las puertas de la Iglesia abiertas con el Santísimo expuesto varias horas. Ellos están orando y contemplando al Señor. Antes de comer visitan enfermos..etc.
 

- ¿Qué opinan los sacerdotes de su Vicaría sobre la formación permanente que ofrece la diócesis: sirve para mantenernos al día en la evolución del ministerio o es demasiado académica? ¿Debería ser obligatoria para Obispos y sacerdotes?

  

Las propuestas de formación permanente en nuestra Vicaria surgen de los sacerdotes que, a propuesta de los Arciprestres, van apuntando temas para la reflexión que son los que se indican en la programación del curso siguiente.
   Intento que la programación de la Formación permanente para los sacerdotes de la Vicaria sea una realidad que responda a las inquietudes: intelectuales, morales y espirituales de los sacerdotes.
 

- Una última opinión sobre la amistad. ¿Por qué es importante para un sacerdote el tener auténticos buenos amigos fuera de la parroquia?

  

Un sacerdote, como cualquier mortal, no debe renunciar a sus buenos amigos. Aquellos con los que hemos jugado de pequeños en las calles de nuestros pueblos. Aquellos con los que hemos crecido en nuestra pubertad, adolescencia y juventud. Aquellos con los que nos unen esos lazos y sentimientos de cariño. Aquellos que son y llamamos con orgullo nuestros amigos. Es gozar de, muy buena salud, mantener las relaciones con los buenos amigos.

 

 

 

 
 

3.

A D. VICENTE SERRANO

VALBUENA, VICARIO

EPISCOPAL DE LA VIC. II

 

- D. Vicente, Ud. ayuda al Obispo en el gobierno de una parte de la diócesis, brevemente, ¿qué tres rasgos le gustaría desarrollar en el territorio de la Iglesia que sirve para el tercer milenio?

  

1.- La dimensión misionera. Más que nunca necesitamos salir como comunidad cristiana a anunciar el evangelio a los que no vienen. Nuestras comunidades han de salir a la calle y tener una proyección social. Nuestra sociedad se está descristianizando y hemos de ser misioneros aquí. Volver a anunciar el evangelio, dando protagonismo a la palabra de Dios.

  

 2.-Fomentar una espiritualidad de comunión. Como decía Juan Pablo II en NMI 43: “Espiritualidad de la comunión significa ante todo una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado. Espiritualidad de la comunión significa, además, capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como

«uno que me pertenece », para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad. Espiritualidad de la comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un «don para mí », además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente. En fin, espiritualidad de la comunión es saber «dar espacio» al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Ga 6,2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos acechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias. No nos hagamos ilusiones: sin este camino espiritual, de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de expresión y crecimiento.”

  

 

 3.- Fomentar e incrementar el papel de los laico en la vida de las comunidades. “Pasar de la idea de un laico destinatario de la evangelización, a la idea del bautizado sujeto plenamente activo de la misión evangelizadora” (B. Forte),

- Algunos expertos desean en general la visión de una Iglesia en la que sus miembros asuman la responsabilidad propia de seres adultos. ¿Qué comentario le sugiere esta expresión?

  

De acuerdo. Creo que está contestada en la anterior.

 

- ¿Consideras importante y necesario que los sacerdotes se tomen regularmente un día libre a la semana y unas vacaciones anuales?

  

Si. Sin dejar desatendidas las comunidades.

 

- Brevemente, dos preguntas relacionadas entre sí: ¿Por qué los sacerdotes no valoramos suficientemente la formación permanente que se nos ofrece desde la Archidiócesis? ¿De qué habilidades precisamos actualmente los sacerdotes para ejercer un ministerio verdaderamente moderno y colaborador?

  

 La primera parte de la pregunta que había que hacérsela a los sacerdotes. Yo me la hago muchas veces junto con los arciprestes y no hemos encontrado la respuesta.

   Seguimos necesitando espíritu de fe y confianza en el Espíritu al 100%, pero también disponibilidad, generosidad, creatividad, espíritu de servicio, entrega, amor también al 100%.

 

- ¿En qué sentido le preocupa que haya en la vida de los presbíteros una cantidad satisfactoria de eros, amor y satisfacción emocional?

 

  La sexualidad es un componente de la personalidad, del sacerdote, a la que no se puede renunciar. Cuando uno se ordena sacerdote, hace una opción de renunciar al matrimonio y a la genitalidad, pero no a la sexualidad como forma de ser persona y de relacionarse con los demás.

   El celibato no puede prescindir de la condición

mana: "El hombre no puede vivir sin amor. Él, permanece para si mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y no lo hace propio, si no participa de él vivamente" (Juan Pablo II, Redemptor hominis, 10).

   Por el celibato no se renuncia a la afectividad, al amor humano, a amar y dejarse amar, sino a la polarización de esa afectividad en una persona concreta y para toda la vida, con exclusividad, y con todo lo que eso lleva consigo.

   Para gran parte de esta sociedad, el celibato es no amar y no ser amado, como si fuera una huída. Y no es así; es una forma de amar a la gente, al pueblo de Dios, tan total como el marido ama a la mujer o la mujer al marido; es un carisma de relación con la gente, un don de Dios que invita a ser asequible para la gente con la que trabajamos, a querer y dejarte querer por esa porción del pueblo de Dios, que en cada etapa de nuestra vida sacerdotal Dios nos regala para vivir con ella.

   Una de las necesidades básicas humana es la de sentirse querido y querer a los demás. Por mi necesidad de ser amado soy empujado hacia otras personas. Entro con ellas en una dinámica de relación.

   El sacerdote ha de querer a la gente y ha de dejarse querer por ella. Y entre esa gente hay que incluir, también, a nuestros compañeros y nuestros superiores. La persona que no se siente querida y que no manifiesta su amor no puede ser feliz, porque no cubre sus necesidades como persona.

   Se renuncia al amor de una mujer en exclusiva, para amar a todos, para que tengan un lugar en el corazón y la vida del sacerdote.

   El celibato no es excusa o pretexto para colocar en la puerta del despacho o en la puerta de mi corazón un letrero que diga: "no estorbar". Al contrario es un don del Espíritu que nos invita a hacernos asequibles.

   El sacerdote no dice "sí" al celibato como renuncia a casarse, sino como entrega a una relación universal y cercana al mismo tiempo, como la de Jesús con su gente.

   Es un Sí incondicional y fiel donde no cuenta tanto la privación o renuncia a alguien en mi corazón y en mi vida, cuanto el gozo de llenarlo con el amor exclusivo abierto a todos, a la comunidad de Jesús.

El celibato es un corazón que se da no un cuerpo que se priva. Y tiene la responsabilidad de encontrar sus necesidades básicas humanas de amor y de relación.

 

- La evaluación es actualmente un lugar común en la mayoría de las profesiones y en la mayor parte de los centros de trabajo. ¿Qué le preocupa a la hora de valorar (evaluar) a un sacerdote?

  

 No me creo con autoridad para juzgar-evaluar a ningún sacerdote. En diálogo con él puedo intentar caminos de mejora y enriquecimiento.

 

- ¿Convendría que las comunidades cristianas a las que sirve pudieran hacer una evaluación formal del trabajo que realiza como Vic. Episc.? (aspectos positivos, sugerencias prácticas, aspectos negativos…)

  

¿Por qué no?

 

- Las homilías han preocupado en el Sínodo de los Obispos, ¿qué carencias observas en nuestras homilías?

   No escucho tantas homilías como para atreverme a hacer un juicio.

   Yo te puedo decir lo que yo hago. Desde el lunes empiezo a leer las lecturas del domingo y algún comentario, reflexiono, oro y me hago un guión, teniendo

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