ENTREVISTA

 

 
 

 

 

¿En qué debemos insistir

 

 

 

 

y crecer? En humildad

 

D. ANTONIO SANTIAGO GARCÍA, PÁRROCO DE DAIMÚS

 

 

 
 

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 Sabemos que ningún cambio en las estructuras externas de la Iglesia suscitará por sí mismo la Iglesia mejor con la que soñamos; siempre habrá necesidad de un cambio más interno de corazón y de mente en relación con todo ejercicio de poder en la Iglesia. Basándote en tu propia experiencia, ¿qué insistencias necesitamos desarrollar hoy sobre estos

temas?

 

  En la situación actual de la Iglesia, que consideramos de crisis, hay una palabra que para mí expresa de una forma especial lo que realmente necesita la Iglesia, como institución, y cada uno de los cristianos: Humildad. El vocablo humildad procede de “humus”, tierra, terreno, con todo lo que significa de debilidad, impotencia, necesidad. De humus procede también humanidad, humano. Podemos decir, que la humildad es la forma de ser humano, de vivir humanamente. El humilde humaniza y es portador de humanidad.
   Lo opuesto a la humildad es el poder, la soberbia, la riqueza, que deshumanizan, tanto a los que lo ejercen como a los que lo sufren. En el canto del Magnificat vemos que el Dios, que se ha fijado en la humildad de María es el que derriba a los poderosos, dispersa a los soberbios y despide a los ricos; es decir, rechaza las formas de vida, que deshumanizan.
   El modelo de la Iglesia y de cada uno de los cristianos es Jesús. En las parábolas sobre el Reino de Dios Jesús utiliza las imágenes de la levadura, la sal, la semilla, el grano de mostaza, todas ellas mezcladas en la masa, enterradas, ocultas.
   Cuando hablamos de cambio de estructuras en la Iglesia debemos de pensar en cambio también de actitudes. Pasar de estructuras y actitudes de poder a estructuras y actitudes de servicio porque las primeras imponen la fe, las segundas la proponen, respetando la libertad de la persona.
   ¿En qué debemos insistir y crecer?. En humildad.

 

- Con algunos ejemplos aunque sean opinables, ¿cómo priorizar hoy en nuestra vida la jerarquía de la santidad sobre la jerarquía de poder?

  

La Iglesia debe renunciar a aquellos signos, que expresen poder. No sentirse insegura, ni tener miedo ante la pérdida de relevancia social. Las encuestas sitúan a la Iglesia en los últimos lugares en la consideración de la gente. Lo que si se tiene que preguntar la Iglesia es si la pérdida de relevancia social es fruto de su fidelidad al evangelio o existen otras causas.
   Hay pequeños gestos que pueden ser muy expresivos como, por ejemplo, el que se renunciase a los ismos: Rvdmo., Ilustrismo, Excelentisimo, que no creo que sean evangélicos.
   En la liturgia se utiliza, refiriéndose a los fieles, la palabra siervo y muy poco la palabra hijo. La primera hace referencia a señor; la segunda a padre. Jesús eligió la segunda.
   Todos los cristianos están llamados a la santidad, dice el Concilio Vat.II, por lo tanto la Iglesia debe potenciar la actividad de los laicos, que tienen la misión de santificar el mundo como “fermento”. En la medida en que el laico sea reconocido como sujeto, con entidad propia, y no meramente objeto, de la evangelización, crecerá el compromiso de los laicos. La Iglesia se irá haciendo más laical y los clérigos se verán liberados de la carga de poder que, a menudo, les oprime. La Iglesia debe plantearse la posibilidad de crear nuevos ministerios laicales.
   ¿Qué criterios utiliza la Iglesia a la hora de conceder un cargo o una función?, ¿la capacidad de mando o de servicio?. De Jesús ya sabemos qué criterios utilizaba: ¿Me amas me amas más que estos?

 

- Cuando el mundo está cubierto por una enorme e inquietante nube negra con la palabra crisis tatuada en el centro, ¿qué aliento humanista urge que la Iglesia aporte para el futuro?.

  

 La actual crisis financiera y económica, que está viviendo el mundo hace que se tenga una visión negativa de la crisis. Hay que volver al significado auténtico del vocablo crisis. En griego, el verbo “crinein”, del que procede el vocablo crisis, significa juzgar, discernir; por lo tanto, la crisis es un momento privilegiado para replantear distintas situaciones de la vida.
   Los profetas del exilio hablan de una actuación de Dios, que transforma la realidad: el desierto se convierte en un vergel, los montes se allanan. El profeta pone en boca de Dios estas palabras: “Mirad que lo hago todo nuevo”.
   Igualmente, todo lo humano crece y madura a través de las crisis. El paso de una etapa de la vida a otra supone una crisis, un morir a algo y renacer a algo nuevo.
   La Iglesia debe aportar ante la crisis, tanto humana como religiosa, una confianza y una esperanza, ayudando a descubrir lo nuevo que va surgiendo y comprometiéndose en la realización de ese futuro, que hay que ir realizando.
   Personalmente pienso que estamos en un cambio epocal, que supone un replanteamiento en profundidad de toda la vida, en todos sus aspectos. Puede ser para la Iglesia un “Kairos” si es capaz, como pide el Con. Vat. II, de leer los signos de los tiempos y de comprometerse, sin miedo, por ese nuevo futuro, que se anuncia. Para ello necesita el diálogo.

 

- Algunos opinan que los pastores ejercen en la Iglesia católica un poder casi absoluto, con el respaldo de la autoridad divina… y que no hay forma de salir de esa cerrazón. ¿Qué comentario te sugiere?

  

Aunque no estoy plenamente de acuerdo con la pregunta voy a intentar responder. Creo que la Iglesia tiene que preguntarse cuál es su lugar, su espacio, dentro de una sociedad democrática caracterizada por la variedad y diversidad de culturas, religiones, razas, idiomas, que suponen un enriquecimiento.
   Por otra parte, debido al proceso de secularización, la Iglesia ve como algunos espacios, hasta ahora, lugares privilegiados para la transmisión de la fe, son invadidos por el laicismo, según unos, o por la laicidad, según otros. Esto ha motivado reacciones muy fuertes por parte de algunos representantes de la iglesia, creándose lo que Luis Gómez Llorente llamaba:
enquistamiento de la CEE y el neoanticlericalismo. Creo que el diálogo, si es posible, es la actitud más adecuada para afrontar esta situación.
   Ante todo, la Iglesia debe renunciar a una actitud infantil de cerrarse sobre  sí misma e ignorar todos los cambios que se han producido y van produciéndose en la sociedad. Tiene que asumir estos cambios e integrarlos en una reinterpretación de la expresión de la fe. La Iglesia es esencialmente evangelizadora, ahí reside su esencia. No puede renunciar al mundo o quedar anclada en el mundo del pasado.
 

- Brevemente, ¿qué cambios estructurales consideras que se tendrían que afrontar en la actualidad de la Iglesia?

   Unas reformas estructurales que posibiliten: Iglesia de los pobres /
profunda reforma del papado y la jerarquía / una Iglesia más ecuménica / recuperar el espíritu del Concilio.
   La Iglesia tiene que afrontar tres problemas importantes: inculturación, diálogo interreligioso, secularización. 
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 Estás desde hace muy poco tiempo en un nuevo destino, ¿qué está suponiendo esto en tu vida profesional?

   Creo sinceramente que los sacerdotes no deben eternizarse en las parroquias. Para mí los cambios son positivos. Suponen un enriquecimiento personal, nuevas posibilidades de realización y una forma de expresar la libertad y disponibilidad para el servicio. Conocer nuevas personas y compartir la fe en una nueva comunidad es motivo de alegría. A1 ser un pueblo más pequeño me permite poder realizar algo que me parece fundamental en mi sacerdocio: la
cercanía a la gente.
 

- ¿Qué quieres subrayar de la enseñanza de Jesús, en esta nueva etapa parroquial, para ayudar a todos a crecer y a ser lo que son capaces de ser?

  

 Destacaría unos valores, que se expresan en unas frases de Jesús:
- “Quien quiera venir en pos de mí, que tome su cruz y me siga”: seguimiento y libertad
- “Dejad que los niños se acerquen a mi”: transmisión de la fe.
- “Vende lo que tienes, dáselo a los pobres, ven y sígueme”: Disponibilidad, jóvenes comprometidos
- “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré”: preocupación por los ancianos y enfermos.
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La Acción Católica, ¿todavía la necesitamos? ¿Por qué?

  

 Evidentemente, y quizás más que nunca, por distintas razones:
- La A.C. es la acción de la Iglesia. Las órdenes religiosas y los movimientos que surgieron en tomo al Concilio, nacen a partir del carisma de un fundador. La Iglesia no tiene un fundador, sino que es la misma Iglesia la que lo crea.
- Es un movimiento laical con cuatro notas características, que deben ser releídas a la luz del Concilio
- La A.C. y los distintos movimientos especializados, HOAC, JUNIORS, JOC , JARC.... se esfuerzan por encarnar a Cristo en los diferentes ambientes y las distintas etapas de la vida de los cristianos.
- El método de la A.C., la revisión de vida, lleva a una doble fidelidad siguiendo a la GS: Fidelidad al mundo en el Ver, al Evangelio en el Juzgar y al seguimiento de Cristo, compromiso en el Actuar.

 

Muchas gracias, D. Antonio.

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