PASTORAL DE LA IGLESIA

 

 
 

 

 

Evangelizar hoy

 

 

 

al estilo de Pablo  

 

 

 

 

 

 

 
 

 

«No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.» (1Cor 1,17)

   Estas palabras de Pablo ponen ante nosotros algunas cuestiones que no podemos dejar de lado ante la ingente tarea que hoy, como cristianos tenemos por delante. ¿Cuál es la tarea fundamental que debe ocupar nuestros mejores esfuerzos: «bautizar» o «evangelizar»? ¿cuáles son los métodos que utilizamos y cuáles los que deberíamos utilizar? ¿qué actitudes nuestras pueden hacer inútil, vaciar de contenido, la cruz de Cristo?

   Podría parecer a simple vista, si entendemos el término «bautizar» en sentido amplio como celebrar los sacramentos, que hay un conflicto entre bautizar y evangelizar. Tal vez es la cuestión tantas veces debatida, acerca del hecho de que la atención de la pastoral sacramental (tradicional) nos consume tantas energías, que no nos deja tiempo para el anuncio del evangelio, para acercarnos a las personas que ya están lejos de la Iglesia para manifestarles la buena noticia de Jesucristo, aquello que tantas veces nos pidió Juan Pablo II de la nueva evangelización.

   Prefiero una lectura integradora de ambos conceptos que no los enfrente. Podemos interpretar «bautizar» como los momentos concretos en que estamos celebrando los sacramentos. Sería una actividad puntual y también, obviamente, evangelizadora. Frente a esto, «evangelizar» no se limita a una actividad concreta, cuantificable, sino que se extiende en todo lo que hacemos, abarca toda nuestra vida. Entonces cobra un sentido diferente la expresión de Pablo. No hemos sido enviados a desempeñar una actividad profesional (sacramentalizar) con un horario definido, sino que Cristo nos ha enviado a ser testigos de su evangelio en todo momento, en todo lo que hacemos a lo largo del día, en todas las actividades que nos ocupan (también cuando celebramos los sacramentos).

   En segundo lugar, Pablo pone en cuestión un cierto tipo de evangelización que se basa en la sabiduría de la palabra, en la belleza del discurso del predicador, de su interpretación, de las dotes oratorias y riqueza cultural, en definitiva de su capacidad de hacer atractivo y convincente el mensaje evangélico. El peligro de este discurso estético, de que lo que se ponga en primer plano sea el mensajero y no el mensaje, es el vaciar del sentido profundo y de la actualidad del acontecimiento de la cruz de Cristo, reduciéndolo en la práctica a un acontecimiento del pasado.

   Pablo sabe expresar un signo que es necedad para el mundo, manifestándolo como instrumento de salvación, como expresión de la fuerza de Dios y de su sabiduría. El modo como lo realiza es por la experiencia. Pablo ha vivido la experiencia de la cruz y el encuentro con el Señor resucitado y desde ahí sabe actualizar el lenguaje para comunicar la buena noticia. No encuentra la fuerza de sus palabras en la seguridad que le proporciona la sabiduría humana sino en la fuerza de la cruz y en la relación personal con el crucificado-resucitado.

   Pablo subraya que la cruz de Cristo es un evento de “revelación” divina: Dios se nos desvela en la cruz como aquello que es. Contra todo intento humano que lo quiere encontrar bajo el signo de la sabiduría y del poder mundano, Dios está allí donde reina la insensatez, el absurdo y la debilidad humana: en el acontecimiento de la crucifixión de Cristo y en la predicación del crucificado.

   El modo de evangelizar hoy, nos pide también actualizar nuestro lenguaje y nuestros modos de comunicar la buena noticia de Jesús. Para ello el primer paso es la experiencia de la cruz en nuestra vida y el encuentro con el resucitado. También nosotros hemos de vivir y aceptar la debilidad, el que el mundo nos considere insensatos. Sólo desde aquí podemos renovar el lenguaje y las formas de la evangelización para que sean actuales, para que hablen de un acontecimiento salvífico actual y presente. Se abre ante nosotros, pues, un apasionante tema que es cómo llegar a los hombres y mujeres de nuestro mundo, con qué lenguaje, con qué formas…

   Es cierto que esto exige de nosotros un esfuerzo mayor, una experiencia unida a una reflexión. La tentación, a la que todos estamos sometidos, es aferrarnos a unas formas y a un lenguaje que en el pasado han funcionado y que nos proporcionan cierta seguridad… pero ¿es esto el mensaje de la cruz vivida o la sabiduría humana aprendida? ¿es esto lo que haría Pablo hoy?

 

                               Fernando E. Ramón                 tornar al sumari