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Seleccionar un Obispo
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Hem buscat fatigosament especialistes que ens parlaren d´esta qüestió i finalment no ha segut possible. Un dels nostres preveres D. Enric Giner ens escriu "mirant al futur" sobre la necessitat d´algunes qüalitats que ha de tindre el millor candidat; i no sols sacerdotals sinó també humanes. També D. Vicent Collado ens apunta amb un guió allò que podria ser un article. Al llarg dels segles hi ha hagut diferents mètodes d'elecció i nomenaments de Bisbes. I amb molt variats graus d'encert les Esglésies locals van tindre almenys quelcom que dir. És legítim este desig. Què tenim que dir nosaltres
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Mirando al futuro
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“Sed todos prontos para escuchar, lentos para hablar, lentos para la ira”, leemos en la carta de Santiago 1,19. Del Semanario Paraula, nº 1.016, pag. 13, encuentro esta información, sobre el Sínodo, correspondiente a monseñor Antón Just de Latvia: “En las Escrituras, descubrí que escuchar la Palabra de Dios, la voluntad de Dios, trajo vida a la gente. Y cuando la gente, especialmente Israel, no escuchó la Palabra de Dios, les ocurrieron tragedias”. Así que yo simplemente le recordé a la audiencia que escuchar no es sólo una disposición. Es una cuestión de vida o muerte. En segundo lugar, propuse que en nuestro mundo en donde la gente ha perdido el arte de escuchar, probablemente la Iglesia podría proporcionar el ambiente, la atmósfera para la escucha verdadera. En tercer lugar, recordé a todos nosotros que en la Biblia, no sólo habla la gente que se supone que tiene que escuchar la Palabra de Dios. Dios también escucha, especialmente a aquellos que el mundo no escucha”. “Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo” (Ex. 22,27). “Yavé dijo: He visto la humillación de mi pueblo en Egipto, y he escuchado sus gritos cuando lo maltratan sus mayordomos. Yo conozco sus sufrimientos” (Ex. 3, 7). Un sacerdote joven de nuestro presbiterio, que no conoció a D. José Mª García Lahiguera, escuchó de él “que fue un hombre que supo escuchar”. Cuando me preguntan cómo desearía que fuese nuestro próximo Pastor diocesano contestaría de esta manera: “Un Obispo que esté atento a escuchar. Un Obispo que se rodee de un equipo pastoral “que sepa escuchar”. Un Obispo que enseñe a sus sacerdotes, a nosotros los Párrocos, a escuchar. “Yo soy el buen Pastor, y conozco a mis ovejas y ellas me conocen” (Jn. 10, 14). En este deseo me siento libre de nacionalidades o tendencias doctrinales. Una parroquia, una diócesis siempre tiene algo que sugerir a la hora de determinar un proyecto pastoral. No en vano han surgido a través de los siglos, en la vida de la Iglesia, los Concilios, desde la Asamblea de Jerusalén hasta el Vaticano II, los Sínodos diocesanos, las Asambleas y Consejos Parroquiales y demás. En la práctica, no motiva a los miembros de una comunidad el sentirse dirigidos sino el sentirse considerados, el saber que escuchar les enriquece al mismo tiempo que el aportar les responsabiliza. En nuestra Diócesis se percibe un cierto cansancio, desaliento, falta de ilusión. “Ya estoy cansado de subir a un barco que no sabe a dónde va”, me comentaba un compañero sacerdote. Sin espíritu de misión, siguiendo simplemente la rutina, no se crea esperanza. Un Pastor Diocesano, un Párroco, un Responsable de tarea, puede tener una importancia notable en la orientación de una comunidad, que es diferente a la disciplina del ejército o a la imposición que tantas veces se contempla en la política. Escuchar siempre, escuchar a todos, “no quebrar la caña cascada ni apagar el pábilo vacilante”, puede crear un estilo pastoral que abra caminos al Evangelio, siempre y en cualquier lugar del mundo. Así deseo yo el futuro.
Enrique Giner Giner, es Párroco de Rugat, Salem y Castelló de Rugat.
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