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FIGURES
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Simone Weil
La conciencia del dolor y la belleza
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Del 22 al 24 d’octubre va tindre lloc a la Universitat Internacional Menéndez y Pelayo de València el seminari “Simone Weil, la conciencia del dolor y la belleza. Revisión crítica ante el centenario de su nacimiento”. La UIMP va congregar destacats especialistes de diferents procedències i sensibilitats, i va suscitar l’interés d’un públic atret per la singularitat del seu pensament i de la seua vida. Cresol reproduïx tot seguit uns fragments de la presentació que va realitzar la nostra amiga i col·laboradora, Emilia Bea, directora del seminari.
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Anticipándonos a la conmemoración del centenario del nacimiento de Simone Weil (París 1909-Ashford 1943), que dará lugar a congresos y seminarios en todo el mundo, hemos querido rendir homenaje a esta voz única en el pensamiento contemporáneo. Georges Steiner dice de ella que de todos los grandes y transcendentes espíritus femeninos es el más claramente filosófico. Realmente ella hizo de su vida una búsqueda apasionada de la verdad: “preferiría morir que vivir sin ella”, con todos los sacrificios personales y renuncias que esta búsqueda conlleva. Su independencia de criterio, su libertad de conciencia, le llevó a una gran soledad intelectual y a ejercer tanta atracción y fascinación como rechazo e indignación. Resulta casi increíble todo lo que escribió y todos los temas que fueron tratados por ella si pensamos en que murió a los 34 años, aquejada, además, por permanentes migrañas y con una imparable actividad social. No es fácil entender cómo un cuerpo tan frágil pudo albergar tanta energía creativa. Y como filósofa en su sentido más pleno, Weil plantea más preguntas que respuestas; preguntas radicales y respuestas que quedan siempre abiertas, pues lo que ella reclama es un "esfuerzo de invención" en todos los ámbitos: inventar otras formas políticas, otra organización productiva, otra religiosidad e, incluso, otra ciencia. Su pretensión es contribuir a crear una nueva civilización a través de una transformación radical en el plano material y espiritual, ya que el gran error es separar ambos planos. Pero no puede cambiarse la realidad huyendo de ella. No debemos caer en vanas esperanzas creadas por nuestra imaginación. Para transformar el mundo hay que tener un cierto grado de idealismo, de impulso utópico, pero también de realismo: hay que vivir el destino del mundo y asumir el sufrimiento. Todo el pensamiento de Simone Weil es un intento desesperado por formular el grito del desgraciado, y por ello es un pensamiento esencialmente comprometido y compasivo. Nos adentramos, por tanto, en una aventura intelectual y espiritual a la que no podemos asistir pasivos sino participar activamente dejándonos contagiar por el entusiasmo de la búsqueda de la verdad y la lucha por la justicia que Simone Weil simboliza, dejándonos interpelar por su testimonio y su mensaje profético. Como la misma Simone Weil decía: “Habría que escribir cosas eternas para estar seguros de que serán de actualidad”. El aparato de pensamiento y el testimonio personal de figuras como Simone Weil debe conservarse como una tradición sagrada. Ella fue una precursora o una pionera, una “visionaria” en el sentido más positivo del término, dada su capacidad de anticiparse al futuro, de ver lo que está por venir, y de alcanzar un sentido profundo de la realidad que a la mayoría se nos escapa, de captar lo insoportable y lo extraordinario. Un hecho que muestra por si mismo la grandeza del personaje ante el que nos encontramos es la proyección de su obra en terrenos del arte y de la literatura a la que sólo pueden acceder los pensadores más relevantes. Sobre Simone Weil, no sólo hay un ingente número de tratados y ensayos filosóficos, sino que ha inspirado a directores de cine (como Liliana Cavani o Roberto Rossellini), de teatro (como Claude Darvy o Maffino Maghenzani), músicos (como Kaija Saariaho Saariaho o Giacomo Danese), y a los más grandes poetas y novelistas (como Ingeborg Bachmann, Amin Maalouf, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Margueritte Yourcenar, Georges Bataille o Ignazio Silone). Las frases de Simone Weil aparecen en los lugares más recónditos de la literatura contemporánea. Su obra genera una gran fascinación entre gente de muy diversa formación y sensibilidad siendo citada con entusiasmo por representantes de visiones del mundo muy diferentes entre si. Esta permeabilidad de su obra, su resistencia a ser encasillada o monopolizada, es uno de sus rasgos más sobresalientes. Simone Weil rebasa cualquier categoría o adscripción ideológica. Su obra no se puede reconducir a ningún sistema de pensamiento sino que es la inmediata transcripción de un estado de constante tensión espiritual, de una actitud de vigilia, de atención y escucha. De hecho, confiesa sentirse desbordada por una inspiración -una "revelación"- que le desborda y que debe comunicar a los demás. Su escritura muestra la pureza de un lenguaje inspirado, desnudo y poético, que hace que sus palabras resulten Emilia Bea
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